Una entrevista con Ileana López

El tango me llega por lo afectivo fundamentalmente “... tanto en mi agonía te busqué sin encontrarte...” evocar, rememorar con mucho respeto por el género pero riéndome de lo profundamente tragicómico “... te saludé y vos te hiciste el gil como si no me conocieras...”

El origen es la femineidad y la masculinidad que siembran los distintos decires tangueros, viajante s de una música entrañable, adorada, dulce y aguerrida. El deleite por el canto, sensación de libertad.

Es un decir de amor interpretado. Otra intención es teatralizar las letras de los tangos, volcar mi caudal de actriz al servicio del tango. Vienen las letras, los gestos, las tonadas. Tango es sangre corriendo por mis venas. Estoy en el límite del personaje, la maqueta, el homenaje... y mi alma que late. Abro el canal por donde llega todo, me dejo llevar por la música. Con el tango frecuento la poesía sencilla pero profunda “... con el pucho de la vida apretado entre los labios...”; paso por distintos estados afectivos; me llama a la melodía, las letras, las historias contadas, lo dramático, lo romántico y lo decididamente cómico.

Este viaje tanguero me llevó a una visión sensible “... aprendí todo lo malo, aprendí todo lo bueno, sé del beso que se compra, sé del beso que se da...” encontré en los tangos voces de hombres y mujeres reclamando, llorando, amando, olvidando, criticando –desde lugares intimistas a lugares de crítica y reclamo colectivos- “... Al mundo le falta un tornillo que venga un mecánico ¿Y para qué querés un mecánico? Pa ver si lo puede arreglar...

El homenaje a la interpretación: Mercedes Simone, Azucena Maizani, Gardel, Berón y al rescate del humor, de “espíritu burlón” que provoca la risa heredada de Tita Merello, Rosita Quiroga, Libertad Lamarque.
Recreando, como desde hace 100 años, el tango “que cada día (se) cante mejor”

... y a la final te estoy agradecido por piantarme esa nami que era un plomo...
... mama, yo quiero un novio que sea milonguero, guapo y compadrón...